Conociendo a Javier


Este domingo Martí conoció a Javier. Teniendo en cuenta que la primera vez que lo ví yo fue el 31 de enero considero que he precipitado demasiado las cosas. Yo pensaba que no iba a involucrar a Martí en nuestra relación hasta pasado un tiempo, un largo tiempo prudencial. No quería que Martí fuera espectador de una larga lista de hombres en mi vida. Pero no he podido evitarlo.
Después de nacer Martí ví que rehacer mi vida amorosa sería más que imposible. Sería un verdadero milagro. No tenía tiempo para nada y menos para salir. Mantener una relación sin poder tener tiempo para la pareja es muy difícil. No poder ir al cine, no poder salir a cenar, no poder ir a bailar… Tener que contratar a una canguro tampoco lo veía muy buena idea. Supongo que como algo excepcional lo vería factible, pero no algo a lo que recurrir cada fin de semana.
Para mantener a Martí al margen de todo hasta el momento oportuno sólo sería posible que Javier y yo llevaramos una relación a distancia (via chat o via teléfono) algo por lo que yo no quiero pasar. Yo necesito sentar las bases de una relación viendonos como mínimo una vez a la semana y muy a mi pesar, a veces, ese día ha de ser en fin de semana (cuando Martí esta en casa).
El primer encuentro entre ambos fue bastante bueno. Martí, en los primeros minutos, puso cara de decir: esta persona es un hombre (porque lleva bigote) pero no es mi padre (o el señor que viene de vez en cuando). No tardó mucho en ponerse a jugar con él y, al final del encuentro, le dije a Javi que estaba claro que Martí ya lo había aceptado como un nuevo amigo.
Ahora sólo queda dejar pasar el tiempo y ver como funciona todo entre nosotros, entre nosotros dos porque esta claro que el tercero nunca estará (de momento) en discordía.

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