Amarse con los ojos abiertos


[...]Una piedra nunca te irrita a menos que esté en tu camino.[...]
[...]Proyecto mi sombra en mi compañero y, al verla en él, la descubro.
A partir de ahí tengo dos posibilidades: intentar destruir la temida amenaza destruyendolo a él o aceptar la oportunidad de integrarme con mi sombra y terminar para siempre con su amenaza.[...]
[...]La clave está en mantenerme siempre conectada con lo que me está pasando y no hablar del otro. En todo caso, si no me agrada lo que sucede, ¿que otra cosa podría hacer yo para generar algo que me guste más?
Puedo quedarme llorando y quejándome, puedo buscar otro marido o puedo ver cómo estar lo mejor posible con el que quiero y estoy. Puedo usar el conflicto para encontrarle una salida creativa, para ver qué puedo desarollar de mí misma y en qué puntos ciegos me estoy bloqueando.[...]
[...]Por ejemplo, puedo montar un escándalo porque has llegado tarde. Así, la discusión se centra en esa pelea aparente. Pero no se trata de eso, sino de ver qué es lo que te estoy pidiendo a través de la puntualidad. Si me enfurezco porque llegas tarde, quizás lo que necesite no es que llegues temprano. Habría que ver qué me afecta tanto, qué interpretación hago de tu tardanza, qué es lo que necesito de ti, qué te estoy pidiendo al reclamarte puntualidad… ¿Que me demuestres que te importo? ¿Que me valores? ¿Que me consideres? ¿De que estoy hablando cuando reacciono así?[...]
[...]Para el otro desde fuera, nuestra actitud parece por lo menos exagerada cuando no francamente irracional. Y posiblemente lo sea, porque estas actitudes tan arcaicas provienen en realidad de los primeros años de vida, de las conducatas que aprendemos para defendernos de las heridas padecidas en la infancia…[..]
[...]Es ese niño herido que todos llevamos dentro el que nos hace actuar así.[...]Estas reacciones son las que nos causan más problemas en las relaciones íntimas.[...]
[...]Hasta que no me ocupe de este niño herido, él seguirá reaccionando y empeorando mis relaciones íntimas. Y el único que puede escucharlo soy yo mismo cuando me ocupo de sus tristezas, de su enfado.[...]
[...]Cuando establecemos una pareja hacemos un pacto inconsciente en el cual, por ejemplo, yo espero que tú seas el padre que no me va a abandonar y tú esperas que yo sea la madre que te va a aceptar incondicionalmente como eres. Y cuando esto no ocurre, porque es imposible que el otro cure mis heridas, empiezo a culparle.
En los peores casos, cuando una pareja siente es vacío que no pueden llenar el uno con el otro, deciden tener un hijo… Y los que aparentan ser dos adultos no son más que dos niños necesitados que buscan la salvación en su hijo.[...]
[...]Muchas veces los adultos no se ponen de acuerdo porque en realidad cada uno está expresando a su niño herido; cada uno está viviendo una escena de su infancia reclamandole a su mamá o a su papá diferentes cosas, y el otro no puede dárselas porque también está pidiendo lo suyo. Cuando podemos ayudarlos a darse cuenta de lo que está pasando, la discusión pierde sentido: dejan a sus niños calmados, ya que les han dado espacio para expresarse, y pueden volver al presente para encontrarse.[...]

One Response to “Amarse con los ojos abiertos”

  1. Miskah Says:

    Isa si es un motivo importante por el cual has cambiado la ubicación de tu blog quizás no debería dejar la nueva dirección en tu post… si quieres que la elimine dimelo ok?

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