Otro adios en mi corta vida


Mi abuela y mi madre

Hoy a muerto mi abuela materna y con ella todo lo que quedaba de mi infancia.
Hasta el año 91 mi vida estaba comprendida básicamente entre mi madre, mi abuela y la tia de mi madre (la típica solterona que hay en todas las familias). En el 91 (antes de las olímpiadas) un veloz cáncer de hígado se llevó a la hermana de mi abuela. Yo me enteré de poco. Y sólo recuerdo momentos puntuales como la misa y el día que fuimos a desmontar el piso con la familia y se hicieron el reparto de enseres.
Quedamos sólo tres y cada año teniamos los mismos rituales: como llevar a mi abuela a Lloret el 1 de agosto e irla a recoger el 31; pasar todas las Navidades juntas hasta pasado Reyes e ir a comer a casa de mis primas o la casa que tocara para el 25 o Sant Esteve. Eramos como la familia Trapp. Todas juntas y viviendo mil aventuras… Y creo que a veces cantabamos también ;) Después llegó Diego, eso rompió un poco los esquemas de lo que yo conocía como familia… Ésto coincidió con mi edad del pavo e hizo que la relación que tenía con mi madre se enfriara. Se enfrió bastante, lo suficiente como para que yo me buscara la vida para irme de casa.
Después con el tiempo la cosa fue mejorando y aunque no nos veimos cada semana, porque yo ya vivia en Barcelona nos llamabamos cada día por teléfono, y con mi abuela sino era cada día sí una vez a la semana.
De repente a finales de abril de 2002 mi madre se puso enferma y recuerdo perfectamente la última conversación teléfonica que tuvimos. Era domingo y estaban dando el resumen de “El cor de la ciutat”. En una pausa mi madre me llamó. Me explicó que estaba muy enferma y que se sentía muy mal, que ya había ido tres veces al médico y que los médicos no le daban importancia. Me decía que se moría, pero eso mismo me dijo dos días antes y yo para quitarle hierro al asunto le dije que como se iba a morir, que era una exagerada. Entonces acabo la pausa del programa y le dije que ya empezaban y ella, que tambien lo estaba viendo, se despidió rápido para continuar con la serie… igual que yo. Eso me acabó de confirmar que no se estaba muriendo… y que como siempre exageraba.
Al día siguiente a las tantas de la madrugada me llamó el Diego llorando (nunca lo había visto llorar en 10 años) diciendome que se habían ido de urgencias a Bellvitge y que se la habían quedado en la UCI y que seguramente no llegaría a la mañana… Le había encontrado una pneumonía. A la mañana siguiente cuando nos dejaron pasar a la UCI todavía estaba despierta, se despidió de mí, de mi abuela y del Diego. Cinco minutos con cada uno. Ella ya sabía que se iba a morir. Se lo habían dicho los médicos. A mi no me dijo nada, pero sonó a despedida todo lo que dijo y se quedaron muchas cosas en el tintero. Me dijo que durante todo el día estuviera con mi abuela. Esa misma mañana la intubaron y murió un mes después en la misma UCI sin haberse vuelto a despertar.
El sábado pasado, cuando se me pincho la rueda, iba camino de casa de mi abuela. Allí estaban mis dos primas (hijas del único hermano de mi madre) esperando la ambuláncia que iba a trasladar a mi abuela a una residencia. El deterioro cognitivo de mi abuela en los últimos años ha sido muy importante y yo llevaba luchando con ella desde noviembre de 2004 para que ingresara. Mi esfuerzo sólo sirvió para que la tomara conmigo y me acusara de entrar por las noches a su casa a robarle. Robarle cosas sin importancia, decía que yo lo hacía porque queria que se muriera. La verdad es que psicológicamente todo esto me fue minando y cada vez tenía menos ganas de llamarla por teléfono y menos ganas de estar con ella. En cambio, a mi prima mayor la tenía en un pedestal. Gracias a ella ingresó.
El sábado llegué directamente a la residencia después de perder tanto tiempo con la rueda, lo primero que dijo cuando me vió fue: “Ya estarás contenta, ya estoy donde tu querías”. Mi prima mayor le dijo que era necesario que estuviera en la residencia porque ya no podia vivir sola… pero mi abuela sólo escuchaba lo que le interesaba oir. Cuando me despedí no me quiso dar ni dos besos y supe que esa era la última vez que iria a verla.
La ví cuando se la llevaban en la silla de ruedas una empleada de la residencia y dije adios a todo lo que había conocido. Lo que no me esperaba que una semana más tarde habria fallecido. Creo que más que fallecer se ha querido morir, porque por muy mal que ella estuviera en su casa y a pesar de no poder andar, sé que se sentaba en el sofá y se ponía a recordar todo lo que ella había vivido una y otra vez y, quizás, fuera eso lo que la mantenia con vida.
Cuando me ha llamado mi prima me ha dicho que esta mañana se ha levantado para desayunar y que, después de desayunar, se ha sentido mal y se ha ido a estirar a la habitación. La han encontrado estirada como si durmiera. Dormia el sueño eterno y, por fin, realmente descansaba.

4 Responses to “Otro adios en mi corta vida”

  1. Manel Says:

    Un abrazo solidario…

  2. Miskah Says:

    Gracias

  3. Joana Says:

    Un beso reina, ànimos y fuerza, apoyate en esos besos y caricias de Martí.

  4. Isa Says:

    Qué penita, no sé qué decirte. Me he emocionado. Muchos ánimos, y un beso muy grande desde aquí. Estoy para lo que necesites.

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