Ayer hubo la reunión de vecinos del edificio que en nuestro caso es la única que se hace al año, siempre quedan temas pendientes y siempre se dice que se hará alguna otra, pero nunca es asÃ.
La cuestión es que ni yo ni el vecino del otro ático podÃamos faltar por el tema de los boquetes en las rajolas que provocó la helada de febrero de 2004. El tema es que son de uso privado, pero se consideran tejado del edificio y, teoricamente, los desperfectos se han de pagar entre todos… Por supuesto hubo mucha discusión porque nadie quiere pagar, yo sà no fuera mia la terraza probablemente también me opondrÃa, pero claro, que el suelo este roto hace que mi piso baje de valor. Igualmente no tengo ninguna intencion de venderlo asà que no me preocupa los años que tardemos en llegar a un acuerdo.
Aunque este no es el tema del post. Lo que me enteré en la reunión, bueno muchos nos enteramos, es que en nuestro edificio han puesto un “centro de relax”. Flipante. La verdad es que parece ser que la úncia queja es que últimamente se ven muchos hombres entrando y saliendo y que los clientes “suelen” equivocarse y llamar al piso de al lado. Después de la primera impresión al saber la noticia empezó el cachondeo por parte de los asistentes masculinos… que si por ser de la cominidad nos hacen decuento o la próxima reunión la podemos hacer allà que seguro estaremos más cómodos, etc.
Empecé a hacer cábalas y pensé en una expareja que tuve que me contó que en uno de esos intervalos de “descanso” que nos tomabamos habÃa ido a un sitio de esos del que parecÃa ser cliente habitual en otros tiempos… Esa conversación simplemente hizo que la ruptura se desencadenara mucho más rápido, por suerte. Pensé que si no hubiera roto con esa persona y estuviera viviendo aquà conmigo y yo subiera con el chisme este, casi pondrÃa la mano en el fuego, que le faltarÃa tiempo para bajar y preguntar. Me repugna, me repugna pensar que hasta he tenido un hijo suyo.
También pensé cuantos de esos maridos que estaban recochinandose del tema serÃan capaces de ponerle los cuernos a su mujer y encima hacerlo solo a unos cuantos pisos de distancia. Es vox populi que los mayores clientes de estas señoritas suelen ser hombres casados ¿no?