Hoy voy a volver a hablar de médicos, un tema tan actual en mi vida. Esta mañana tenÃa visita a las 9 de la mañana con la pediatra de MartÃ, tenÃa que recoger los resultados de la analÃtca preoperatoria que le hicieron, la tengo que llevar el dÃa del ingreso. Como sólo era recoger eso, he llevado a Martà al cole y después me he ido al ambulatorio. Habré llegado unos 10 minutos tarde y ya al entrar, como es uno de esos edificios tan modernos por las ventanas del pasillo ves las ventanas de las consultas, aunque los cristales son traslucidos. He mirado y he visto todo muy oscuro, la pediatra no ha llegado. En la sala de espera habÃa sólo dos “familias” más. Me siento y espero el tiempo prudencial de ¿dos minutos? para preguntarle a la mujer que tengo al lado si hay alguna visita en la consulta, me dice que no. Confirmo mis sospechas, la doctora no ha llegado aún.
Son ya las nueve y media, ha llegado otra madre con la hija y, claro, el aire ya se esta caldeando. Yo tenia visita a las 9, la mujer a la que he preguntado tenÃa visita a las 9:10 y la que ha llegado la última a las 9:20. Se me ocurre decir que es raro que la enfermera tampoco este y la madre que de las 9:20 me dice que le dijeron que hoy no vendrÃa. Seguimos esperando. Casi a las 9:40 minutos se presenta la doctora. Va hacia la puerta y está cerrada, se da media vuelta y tiene que ir a recepción a pedir las llaves de su despacho (flipo vamos).
Entra en la consulta, ninguna de las que estamos esperando le dice nada, tarda unos diez minutos en llamar a Martà (o sea, a mi). Entro en la consulta y tal como yo entro ella sale (vuelvo a flipar), no sé donde va, pero me quedo de pie y me doy cuenta de que la mujer no ha encendido todas las luces de la consulta (lo primero que pienso: “esta no sabe encender la luces” y veo el interruptor que le falta por encender o creo que sé cual es). La doctora vuelve y antes de atenderme empieza a toquetear dos interruptores más y me mira y me dice que no sabe cual es el que enciende la luz que falta, ninguno de los dos era asi que se sienta y a media luz me atiende. Dos minutos más tarde estoy fuera con la analitica en la mano, antes de salir un “¿sólo esto?” para asegurarme que me lo daba todo.
Un poco raro ¿no? Ahora os cuento los antecedentes, porque sino es dificil de entender la historia y a dónde quiero llegar. Esta doctora no es la pediatra oficial (eso espero!!!). La pediatra oficial se ha ido a trabajar a San Juan de Dios y han puesto a esta sustituta. Esta sustituta está como mÃnimo desde la revisión de Martà en noviembre, si no antes y está más que claro que en tres meses no ha movido ni un dedo como para intentar saber como funciona su consulta. La enfermera le debe hacer todo: desde encenderle las luces a llamar a los pacientes… realmente hay jefes que dejan mucho que desear. Aunque siendo sincera entre la cirujana borde y la pediatra incompetente, me quedo con la cirujana cien mil veces… es borde, pero habla tan firme que te da una seguridad tremenda en lo que dice y hace.
(También me creo un poco eso de que quizás los más bordes sean los “mejores”, pero el ser médico y estar cara al público hace que tu “campo” no sea solamente la medicina sino también saber tratar con los pacientes. Igualmente aclarar que no dudo en la profesionalidad de la cirujana, ya he dicho que me da mucha confianza en el trabajo que va a realizar, lo que no me da tanta confianza es a la hora de preguntar porque me va a mirar como si yo fuera tonta cuando le quiera preguntar lo mismo dos veces para reafirmar que lo he entendido bien)