La vida en el camping


(Otra entrada de la serie: “Lo escribí estando en el camping con mono de web”)

Yo sinceramente no recordaba que fuera tan duro “vivir” en una tienda de campaña. Más de una vez me he planteado si valía la pena escatimar comodidad a cambio de más días. Los dos primeros días fueron horribles: pasé frío, llovía a cantaros, no había traído nada de abrigo… En estos once días sólo me he puesto una vez el bañador para ir a la piscina y el agua estaba helada!!! Ha llovido cada día. Sólo os digo que la nevera en vez de enfriar prácticamente congelaba la comida.
Al tercer día, saltándome a la torera todos los planes hechos en casa, decidí ordenar la tienda por dentro… en realidad estaba pensando en volver a casa y tirar a la basura los 300 euros que me habían costado los once días de camping. Saqué los colchones, ordené la ropa y los juguetes y barrí la tienda… luego limpié los colchones (llevábamos dos días cenando dentro de la tienda… en realidad no sé porqué me gasté 16 euros en una mesa que he podido usar sólo unas tres veces!!), los inflé mejor (fue un cambio enorme… la primera vez los estaba hinchando como a las diez de la noche y entre el cansancio y las ganas de acabar quedaron con el aire justo). Cuando acabé pensé que por lo menos podía intentar aguantar hasta mi cumpleaños… y aguanté.
Ese mismo día encontré unos grandes almacenes y pude comprarme un jersey a buen precio… esa noche fue la primera en la que no tuve frío.
Los siguientes días parece que ya me había acostumbrado a las incomodidades proprias, ya que todo me resultaba mucho más llevadero. Martí dejó de insistir en ir al tobogán constantemente, cosa que ayudaba mucho, encontró los bolsillos de la tienda y se pasó el resto de las horas en las que estábamos en la tienda jugando con sus juguetitos y metiendolos en los bolsillos y montándose sus historietas.
El camping en sí no es muy grande por eso hemos tenido suerte, tenemos los lavabos a una parcela de nosotros, sin tenerlos en primera linea están cerca y así para cualquier “urgencia” llegamos a tiempo (y Martí siempre tiene “urgencias”, sólo se acuerda del pipí en cuanto “ya asoma la cabeza”).
El bar es pequeñito, pero tienen de todo, además hacen unas pizzas bastante ricas (las comimos para mi cumple) y en la recepción tienen un ordenador conectado a Internet para hacer pequeñas consultas gratuitamente (leí vuestros comentarios en el post de mi cumple!), que por cierto nunca pensé que los teclados franceses y los españoles fueran tan diferentes. También ofrecen la posibilidad de conectarte vía wifi por 3 euros la hora desde tu propio ordenador (confesión: desde el portátil me conecté a la red wifi, pero resultó que cuando abrías el navegador cualquier dirección se redirigía directamente a una página de inicio y te pedía constantemente las claves de acceso… si hubiera sabido un poco más, probablemente hubiera podido navegar gratis).
En el camping también hay un servicio de lavadoras y secadora, sólo dos lavadoras para todo el camping… Tres veces tuve que ir con la bolsita de la ropa hasta que pude encontrar una de las lavadoras libres. Todo hay que decir que quedó limpia y seca (usé la secadora porque ya os digo que hubiera sido imposible secar la ropa con esta lluvia intermitente.
Las distracciones que nos hemos traído han sido varias, porque nunca se sabe, los juguetes de Martí, un libro (que no he leído) y el gran “distractor” de todos: un pc portátil. Lo compré antes de irme a un precio irrisorio y gracias a unos cuantos DVD’s que traía de casa ha sido el gran amansador de la fiera… un Shin Chan cuando se hace de noche y a soñar con los angelitos. Por cierto, a mi también me gusta mucho el Shin Chan, pero a estas alturas ya me lo sé de memoria!!! Traje como diez pelis, pero sólo vemos la misma todas las noches.

… Creo que con esto ya os hacéis una idea de cómo nos ha ido en el camping y, supongo que queda claro que la próxima vez volveremos a ir de camping… y es que no puedo evitarlo, por el mismo precio prefiero estar más días aunque tenga que estar algo más incómoda. Aunque no puedo asegurar que la “próxima vez” no sea de otros tres años.

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